Relativismo Moral


Se produce cuando la persona considera que no hay una medida objetiva y absoluta sobre el bien y el mal, sino que todo depende de la concepción de la realidad moral que cada uno tenga.

Es decir, que el bien y el mal dependen de lo que yo QUIERA o CREA que está bien o mal, sin que exista una norma superior que muestre y enseñe el bien y el mal.

Así, y conforme lo que cada uno considere, se entran a tolerar, primero y luego a promover, males que carcomen al hombre llamándolos bien según las circunstancias de cada uno: aborto, promiscuidad, homosexualismo, sexo sin compromiso ni matrimonio sino al compás del gusto de cada uno, sexo prematrimonial, dineros fáciles.

El elemento que mida el bien y el mal debe ser externo a uno mismo o de otra forma se corre el riesgo de ser permeado por los deseos, caprichos, vicios o costumbres erradas de la persona. Por eso el bien y el mal deben ser valores absolutos y no relativos.

En el relativismo moral se confunde la tolerancia con el individuo con la tolerancia con el mal que aqueja al individuo. Sin duda todo hombre merece respeto y aceptación hacia él, más no hacia el mal que puede estar sufriendo, llevando o promoviendo. Podemos amar y ayudar al alcohólico, pero no aceptar, tolerar o promover el alcoholismo. En el relativismo moral el bien y el mal vienen a ser determinados no por la búsqueda de la verdad sino por la conveniencia o el deseo personal, por la moda o por el pensamiento de la mayoría. Entonces, y sin duda, la verdad se queda a un lado.

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