FE, RELIGIÓN Y SALVACIÓN… HOY


“Si alguien, al escuchar los términos de este pacto, se felicita diciendo por dentro: "Tendré paz, aunque siga en mi obstinación", entonces la riada arrastrará el terreno de regadío juntamente con el de secano, pues el Señor no estará dispuesto a perdonarlo: su ira y su celo se encenderán contra ese hombre, se asentará sobre él la maldición de este código, y el Señor borrará su nombre bajo el cielo”. Deut. 29, 19

Me llama la atención este texto del Deuteronomio, el quinto libro de la Biblia. Me parece tan actual, tan pertinente al hombre de hoy, que no parece escrito hace casi tres mil años. Quizás por eso decimos que “la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que espada de doble filo…” 

Pero, ¿qué tiene que ver este texto con nosotros? ¿De qué manera toca nuestra vida? Leamos con atención y en detalle. Quizás releamos varias veces. ¡Ah, es tan fácil escuchar la escritura como quien oye llover! 

Miren: tantas personas en el mundo actual, tantos católicos, en especial, pretenden vivir su fe como una mecánica, una trama de ritos y rezos que les permitan seguir con sus vidas de siempre sin conversión, sin volverse de verdad hacia Dios, pero teniendo la sensación de haber cambiado, de ser gente de fe. Quieren seguir alimentándose  de las cosas del mundo pero sentir que caminan hacia la eternidad. Quieren vivir y trabajar para esta realidad efímera aferrados a gozos y alegrías vacíos, a los vicios y oscuridades con los que han construido sus vidas desde niños, pero sintiendo que Dios está con ellos. Quieren vivir de espaldas al Dios vivo pero sentir que El bendice sus vidas vacías. Y lo más grave (y peligroso) es que creen que con eso tienen garantizada la salvación. 

La respuesta del Deuteronomio es clara: la riada arrastrará el terreno de regadío juntamente con el de secano, pues el Señor no estará dispuesto a perdonarlo: su ira y su celo se encenderán contra ese hombre, se asentará sobre él la maldición de este código, y el Señor borrará su nombre bajo el cielo”. Duro. Fuerte. Claro. Quien de la espalda a Dios y viva para el mundo, así se finja religioso lo perderá todo… porque nunca habrá tenido nada. Si no cambiamos de pensamiento y conducta, de actitud y de ideas, si no nos deshacemos de las estructuras de pecado en que vivimos (actos, pensamientos, ideas, palabras, objetivos) si no dedicamos nuestra vida a Dios, tarde o temprano las consecuencias serán las que nos anuncia este bellísimo texto del libro de Moisés: la destrucción de nuestra propia vida y de las cosas que amamos. Lo perderemos todo. 

Recordemos que sin conversión, sin que nuestra vida cambie para dirigirse al encuentro de Dios, no hay salvación así vayamos a misa todos los días y coleccionemos los más bellos pensamientos del mundo.

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